“La fotografía llegó cuando estaba en 2do año del colegio secundario y tuve la opción de tomar un curso. Era extracurricular y se daba fuera del horario escolar; ahí tuve mi primer contacto con la fotografía analógica.
En tercer año me cambié de colegio (era bastante inquieto) y ahí cursé fotografía como materia. Si bien no era una materia filtro ni mucho menos, me sirvió para seguir adquiriendo conocimientos. De alguna forma creo que la fotografía me encontró a mí antes de que yo la descubriera a ella.
Más adelante, ya de manera más consciente, decidí tomar un curso en la Escuela Argentina de Fotografía para tener un mejor manejo de la que entonces era mi cámara y aprender más sobre cómo realizar una correcta toma.
Lo que más me apasiona es que a través de la fotografía no sólo veo otras formas de vivir y ser, sino que también experimento esas vidas, profesiones, pasiones, como si fuesen mías. Creo que realmente en los instantes que realizo una toma me pongo en el lugar del individuo que fotografío, disfruto de su arte en el caso de los artistas y en caso de la fotografía social, cultural, empatizo con el ser y el momento que estoy captando.
Desde ya, como toda profesión, la fotografía también tiene sus pros y contras. Por un lado puedo disfrutar de momentos de increíble belleza y aprendizaje. Además me permite conocer personas desde otro lugar, ya que cuando estoy trabajando con el retratado se produce una conexión única, maravillosa dado que se llega a lograr una intimidad que no se produce en otros ámbitos sociales. En el lado opuesto, en estos tiempos de vértigo cuesta más que las personas se detengan y tomen el tiempo necesario para percibir lo que se quiere transmitir en una imagen; para el que se permite apreciar desde otro lugar, una imagen transmite más que mil palabras. La otra contra es que la fotografía de autor o de contenido, que es la que más disfruto hacer y la que elijo, está vista más como un hobbie o algo recreativo y cuesta bastante que la gente invierta comprando una foto.
Sin dudas uno fotografía como vive, por eso a través de ella puedo desplegar mis cualidades y buscar constantemente nuevas formas de crecer. Ser fotógrafo es intentar captar ese instante y guardarlo por siempre pero también es la posibilidad de compartirlo con el mundo desde otra mirada. Cada proyecto tiene mucho de lo que soy y de cómo veo las cosas. ¡Para mí la fotografía es belleza, como la vida misma!”.
¿Qué consejo le darías a quien está buscando su vocación?
¡Qué difícil! Creo que el mejor consejo que puedo darles es que hagan lo que realmente los hace felices, sin seguir mandatos o imposiciones sociales, nada en la vida está asegurado, no hay fórmulas infalibles, pero si trabajas de lo que realmente amas y disfrutas hacer, vas a vivir en plenitud y eso no tiene precio. Al fin y al cabo de esto se trata vivir, de ser felices con las cosas que hacemos.